“Cuando iban de camino entró en cierta aldea, y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada también a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta andaba afanada con los múltiples quehaceres de la casa y poniéndose delante dijo: ‘Señor, ¿nada te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo de la casa? Dile, pues, que me ayude’. Pero el Señor le respondió: ‘Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. En verdad una sola cosa es necesaria. Así, pues, María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada’” (Lucas 10, 38-42)

Aunque siempre será ejemplar ese deseo de Marta de servir al Señor y a la numerosa comitiva que le acompaña, Jesús la reprende cariñosamente cuando ella se incomoda con la actitud de su hermana al no prestarle ayuda. Marta está muy atareada con las cosas que va a poner en la mesa al Señor, pero se está olvidando del Señor de las cosas. Se advierte en la repetición de su nombre Marta el tono conciliador de Jesús y el aprecio por su amorosa solicitud, pero, con la defensa que hace de María, le recuerda que el trabajo no debe absorberse de tal forma que no dispongamos de tiempo para escuchar la Palabra de Dios.

El Evangelio coloca una síntesis para vivir los momentos actuales del mundo y de la Argentina. Todos andamos inquietos y nerviosos: ya por la crisis global de la guerra, los efectos de la pandemia, la economía, la inflación, la intolerancia y el nerviosismo que hay en la gente. A ello sucede que miramos como única solución el trabajar para ganar y no hay trabajo o muy poco. Todo nos lleva a estar inquietos y nerviosos. ¿Que hacer? No es fácil dar respuesta de soluciones inmediatas, pero creo que debemos mirar a una jerarquía de consideración en las cosas de todos los días.

Una persona que, como Marta, agobiada por los quehaceres diarios no tuviera tiempo para Dios, para los suyos, para su descanso físico y espiritual, acabará no teniendo tiempo para nada ni para nadie, ni siquiera para hacer bien ese trabajo que tanto le absorbe. Haría muchas cosas, sin duda y por un tiempo, pero no haría lo más importante. Esto es lo que Jesús le da a entender. Esto nos pone en alerta. No podemos enloquecernos frente a la gravedad de la situación; por el contrario hemos de volver a lo esencial para vivir la crisis desde una perspectiva distinta.

Siempre hay que preguntarse qué aprendo de cada cosa que vivo o sufro y mirarlo desde una óptica de aprendizaje. No se trata de enojarnos a la primera de vuelta cuando las cosas no salen como yo quiero. Los momentos históricos son delicados y se necesitan almas fuertes. Ese espíritu solo lo da Dios que nos fortalece y nos impulsa a seguir viviendo en la lucha de todos los días. María eligió la mejor parte dice el Evangelio, ese elegir marca el estilo de vida que queremos llevar. Que sea la fuerza de Dios la que nos impulse a no desalentarnos.